De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción.
Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera.
Soy un estado soberano,
y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas
que los confines políticos de cualquier país.
De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción.
Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera.
Soy un estado soberano,
y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas
que los confines políticos de cualquier país.